
Hacia dónde vamos y el posicionamiento que deliberadamente no perseguimos.
Hay un hueco en la ingeniería industrial. A un lado, las grandes casas, dimensionadas y tarifadas para megaproyectos. Al otro, suministradores que solo hacen la ingeniería justa para vender su propio equipo. Las plantas con un problema concreto y difícil no encajan en ninguno de los dos.
En ese hueco queremos quedarnos: con la veteranía suficiente para asumir la responsabilidad técnica de una acería entera y el tamaño suficiente para que el ingeniero que coge el teléfono sea el que hizo el cálculo. Si un crecimiento nos costara la segunda mitad de esa frase, no lo queremos.
Preferimos perder un encargo antes que ganarlo con un alcance que no podemos defender. Si la respuesta es que otro está mejor situado, lo decimos.
Un diseño solo es bueno si pueden construirlo, operarlo y mantenerlo las personas que realmente tendrán que hacerlo.
Las interfaces son donde fracasan los proyectos, así que las asumimos en vez de devolvérselas al cliente como un problema de coordinación.
Los equipos y la documentación se diseñan para la vida útil de la planta, no para la reunión de entrega.